PP ¿Qué no debo olvidar?

Categoría: Enfoques
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Publicado el: 29 junio, 2011

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A pesar de que la planificación participativa cuenta con cuerpos metodológicos y herramientas técnicas ampliamente desarrolladas, hay que tener en cuenta que la pregunta de partida de un proceso participativo no es una pregunta técnica sino una pregunta política ¿Participar para qué? ¿Qué procesos de transformación queremos apoyar con la participación y cuáles son las bases de poder sobre las que éstos se van a sustentar? (Pindado et al., 2002).

La planificación participativa incorpora la idea de diversidad, lo que en la práctica se traduce en una confluencia de perspectivas, intereses, identidades y preferencias plurales. Es precisamente esta diversidad la que le da valor a los procesos de participación, pero de donde se derivan también sus principales dificultades. En consecuencia, el conflicto es parte esencial de los procesos y se debe abordar conscientemente.

Uno de los principales potenciales transformadores de un proceso participativo es su capacidad educativa. La reflexión, discusión y actuación conjunta puede dar lugar a procesos de aprendizaje que conduzcan a cambios profundos en los valores, actitudes, habilidades y formas de relacionarse cotidianas de los diferentes actores involucrados… la idea central es que la práctica cotidiana de la participación nos educa a participar en democracia, y permite desarrollar habilidades de diálogo entre perspectivas y actores diferentes.

Para articular la participación de los actores se hace necesario construir un proyecto común alrededor de una cuestión o desafío concreto que permita a los participantes vincularse a él y desarrollar su potencial transformador. Este proyecto común contribuye a la construcción de unos valores, unas formas de entender los problemas y unas propuestas y compromisos que son compartidos (Pindado et al., 2002).

A nivel metodológico, conviene diferenciar los procesos de los momentos participativos. Los primeros tienen una continuidad y se construyen día a día como fruto de la interacción de sus protagonistas. Requieren de momentos puntuales de participación que configuran fases abiertas y expansivas y otras convergentes y de toma de decisiones, pero en su conjunto presentan una sintonía en su modo de proceder y una coherencia con los objetivos que se plantean (Pindado et al., 2002).

A la hora de iniciar un proceso de planificación participativa es importante tener claro qué tipo de participación se pretende conseguir en cada momento… y ser honesto y transparente con la gente. Son múltiples las taxonomías realizadas a este respecto y en su mayoría toman forma de escalera de la participación con diferentes niveles, como por ejemplo: 1) provisión de información, 2) Consulta, 3) Decisión conjunta, y 4) Actuación conjunta (Wilcox, 1994).

En relación a quién participa, es necesario considerar a aquellos cuyos intereses son afectados o afectan al asunto en cuestión, aquellos con la información, el conocimiento o la experiencia necesaria para la formulación de estrategias y acciones y aquellos con el control o la influencia sobre políticas, instrumentos y recursos para la implementación (UN-HABITAT, 2001).

En cuanto al cómo se participa, destacar que no hay fórmulas mágicas para posibilitar una deliberación constructiva y creativa entre los diferentes actores. No obstante, si que disponemos de abundantes técnicas y herramientas para la participación. Es por tanto necesario elegir aquellas que resulten más adecuadas para cada uno de los momentos del proceso y contar con el personal indicado para ponerlas en práctica. En ese sentido, la forma de dinamizar los debates es crucial.

La cuestión de la participación en los procesos de planificación está íntimamente relacionada con la cuestión del poder y de cómo los colectivos sociales ganan influencia real en la toma de decisiones. En ese sentido, es importante entender cómo se construyen las relaciones de poder entre los actores, y considerar su vertiente multiforme y multidimensional de cara a evitar que los procesos participativos reproduzcan la desigualdad de poder existentes en otros ámbitos sociales y sean cooptados por las élites (administrativas, políticas… e incluso de la sociedad civil) para legitimar sus propuestas. La planificación participativa del desarrollo es un espacio en disputa, donde la negociación y la incidencia política desempeñan un papel relevante en los procesos de empoderamiento de los actores más desfavorecidos.

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